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El yoga no nació como una profesión: yoga como experiencia, ¿qué dice la tradición?.

En los últimos años, el yoga se ha ido presentando cada vez más como una salida profesional atractiva. Libertad horaria, ingresos “a tu medida”, trabajar poco y vivir de tu pasión. El relato se repite con fuerza en formaciones, redes sociales y discursos de marketing. Y aunque compartir yoga y vivir de ello no es, en sí mismo, el problema, sí lo es desde dónde se construye ese relato y qué se olvida por el camino.
yoga como experiencia

Porque el yoga, en su origen, no nació como una profesión. No fue concebido como una carrera laboral, ni como un medio para alcanzar estabilidad económica, reconocimiento o estatus. El yoga fue, y sigue siendo en su raíz, un camino de vida.


El yoga como experiencia, no como salida laboral


En la tradición, nadie “decidía” ser profesor de yoga. El proceso era radicalmente distinto al que conocemos hoy. Primero se practicaba durante años. Se estudiaba. Se observaba la mente. Se atravesaban los propios límites, contradicciones y sombras. El yoga se vivía, se encarnaba, se integraba en lo cotidiano.


Solo después —y no siempre— el maestro veía si había claridad, madurez y responsabilidad suficientes para compartir la enseñanza. Y ese compartir no nacía del deseo de enseñar, sino de una necesidad más profunda: servir, transmitir, acompañar. No era una profesión. Era una consecuencia natural del camino recorrido.


Lo que dicen los textos tradicionales


En los Vedas y en los Upanishads no existe la figura del “profesor de yoga” como identidad profesional. El conocimiento no se hereda como un apellido ni se acumula como un título. El conocimiento se vive. Se realiza. Y solo entonces puede transmitirse.


Los Upanishads insisten en que el conocimiento verdadero no se enseña con palabras, sino que se transmite cuando ha sido realizado. Aquello que no ha sido vivido, apenas puede explicarse. Compartir sin realización es avidyā, ignorancia, incluso cuando existe buena intención.


El Bhagavad Gītā rompe por completo la narrativa moderna del yoga como medio para una vida mejor. Krishna introduce el Karma Yoga: actuar sin apego al resultado, no desde el deseo de obtener algo —dinero, libertad, reconocimiento— sino desde el deber interior, desde el dharma. El yoga no es un instrumento para lograr una vida ideal. Es una forma de habitar la vida tal y como es.


¿Y los Yoga Sutras?


Patañjali no habla en ningún momento de “ser profesor de yoga”. Habla de práctica sostenida (abhyāsa), de desapego (vairāgya), de estudio interior (svādhyāya). Habla de un proceso largo, constante, silencioso. De disciplina y tiempo. No de títulos, ni de certificaciones, ni de validación externa.


El Yoga Sutra 1.14 es claro: la práctica se vuelve firme cuando se realiza durante mucho tiempo, sin interrupciones y con respeto y devoción. No cuando se convierte en una meta profesional.


El problema no es compartir yoga


Conviene decirlo con claridad: compartir yoga no es el problema. Vivir de ello tampoco lo es. El conflicto aparece cuando el punto de partida es únicamente laboral. Cuando la pregunta inicial es “quiero ser profe de yoga” antes de haber recorrido el camino. Cuando el yoga deja de ser experiencia para convertirse en producto.


No todo el que practica yoga tiene que enseñarlo. Y no todo el que lo enseña está preparado para sostener a otros. Acompañar procesos humanos implica una responsabilidad enorme, y la tradición siempre lo tuvo claro.


Eso también es yoga.

Eso también es tradición.


Recordar el orden de las cosas


Este texto no es un juicio. No pretende señalar ni dividir. Es una invitación a recordar el orden de las cosas. Primero vivir. Luego, quizá, compartir. Primero práctica. Luego, palabra. Primero experiencia. Luego, transmisión.


El yoga no nos convierte en maestros. Nos convierte en practicantes. Y desde ahí, con humildad, respeto y tiempo, tal vez un día podamos acompañar a otros. No desde la aspiración profesional, sino desde la coherencia entre lo que se vive y lo que se comparte.


Porque el yoga no se enseña.

El yoga se transmite cuando ha sido vivido.

 
 
 

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